Último Sueño de Rocamadour

por ddanielbee

“… donde estan los besos que me debes, en cualquier esquina, cansados de vivir en tu boquita, siempre a la deriva” – Roberto Iniesta

Ella perfecta, ella hermosa, ella que nunca existió. Ve las patas de la cama y la marca de dientes sobre esta y piensa en ella, ella nieve, ella fuego, ella paleta de agua en verano. No creerás que todavía existe, porque no lo hace, esas pequeñas cosas nunca lo fueron de verdad, siempre fueron gigantes disfrazados, caracoles enamorados de estrellas fugaces.

Ella pequeña, ella hermosa ya no cuenta historias de pelos canosos, ya no entorna sus ojos al sol, ya no cree tener siempre la razón, ella perfecta, ella caprichosa caminando más rápido que los demás, siempre con un afán desesperado, desilusionado, falto de inspiración, como ella, poco inspirada, poco inspiradora y aun así…

Ella cruel, ella insoportable, ella que siempre pensaba tener la razón, ella que no podía estar muy lejos de las calles de piedra porque se mareaba, que sufría con el frio y no era capaz de ser feliz con él, tan llorón, tan hermoso, tan oso de peluche sin un ojo, nada en comparación a ella perfecta, ella hermosa de ojos fríos y mirada perdida, ella amorosa, ella indeseable.

Ella perfecta, ella insignificante, siempre enamorada de la imposibilidad del amor, demasiado comprometida con la realidad como para comprender la belleza de lo irreal que es la vida, urgente sobre importante, espontaneidad irrelevante, ella perfecta, ella hermosa, ella café de esquina y postre para calmar el frio.