I’ll try Anything Once

por ddanielbee

“When I said, I can see me in your eyes…” – Julian Casablancas

 

Si una relación parece normal desde afuera, es porque algo anda mal. La ilusión de la identidad, aquella deformación maligna universal que intenta admitir que somos alguien, en relación a el otro, es la hiedra venenosa de todo tipo de relación humana. En el momento en que creemos ver algo de nosotros mismos en el otro, es el momento en que deberíamos empezar a odiarlo, porque, admitámoslo, quien no se odia a si mismo ? En cambio al sentirnos identificados creemos que debemos haber estado haciendo las cosas bien, y nos unimos más, menuda paradoja.

Si hay alguna sinfonía universal en torno a las relaciones, es aquella que trate como manifiesto la demencia absoluta. Coincidir en espacios imperturbables deja de ser parte de la visión postmoderna de lo “cotidiano” y se convierte en una representación imaginaria de lo que debería ser. Un amor por lo precario, algo tan simple como una galleta de mantequilla de maní, deberían tener tanta importancia como un beso, un abrazo o un par de palabras susurradas al oído.

Creamos en la inmortalidad, en la efímera generación de seres inmortales que atraviesan nuestros espacios incongruentes, en el punto en que la dimensión Juan, se encuentre con la dimensión María, no va a haber otro momento en que se levante más el epitelio de la fragmentación galáctica. El imaginario conjunto se convierte entonces en la más irreal de las realidades, y realmente, no hay nada más bello, y estas son palabras reales.

Creo que lo que trato de decir, es que no importa como se vea una relación desde afuera. Pueden ser felices, infelices, salir todos los días para atravesar llanuras llenas de oscura desesperación y no tener más que el abrazo del otro para soportarlo todo, o correr por medio de praderas desiertas de malignidad, mientras por atrás el soundtrack eterno es “I’m Walking on Sunshine”, no importa como lo vean los demás. Se vuelve relevante solo el nivel en que ambos sean cómplices secretos del uno, de lo uno, del otro y de lo otro, para poder, por fin, convertirse en uno de esos pequeños animales alados que busca transformarse con los años.

La transformación depende enteramente de la cantidad de jugo de naranja consumida antes del chocolate.