Eleanor put your Boots back on

por ddanielbee

“I could be there when you land…”

Hay días en que pienso que deberían llover caracoles más a menudo.

Es extraño como puede uno llenarse de ridículas melancolías, cuando las noches parecen ríos que no terminan en medio de insomnios desmesurados. Resulta fácil entonces caer en el error de recordar los buenos momentos, peor error del mal historiador, recordar las cosas buenas sobre las posibles mayores (y más importantes), malas. Es cuestión de darse cuenta que no siempre se debe pensar en ese saco rojo que usaba en algunos de los días más fríos, en las formas que su pelo dibujaba sobre la almohada, mientras con los ojos cerrados se encontraba más allá del alcance de cualquier mortal, en las calles recorridas bajo nubes de formas imposibles, las incontables películas vistas en un sillón que se caía o el mapa secreto que se podía armar sobre su piel. No. Se deberían recordar solo las constantes negaciones, las innegables mentiras, los caprichos, la estúpida hegemonía que se genera siempre que se lleva a cabo la maratónica tarea de unir dos mentes, dos conceptos, dos cuerpos, la mentalidad de que el amor es una carrera, y hay que ver quien es el que “crece” primero.

Aún así, no puedo obligarme a hacerlo, innegable y ociosa obstinación por la autoflagelación emocional, y sigo recordando momentos en que detrás de sus ojos no había nada más, que mi vida empezaba y acababa, vista solo a través de ese castaño claro, que despedía aires caleidoscópicos con ciertos ángulos de luz. Aunque no se llamara Lucy, cruzaba el cielo llena de diamantes, que yo mismo le dibujaba con la mente cuando era domingo y lo mejor que podía pasar era dormir hasta tarde, bajo una manta cómplice, tratando de ignorar los sollozos de la mascota en apuros. De nuevo. No. La obsesión, los problemas, la imposible aceptación de la separación mental, el desconocimiento, los argumentos apurados, la paranoia y la persecución imaginaria.

Y la lista sigue, y se llena de emociones encontradas, de apabullados silencios que de incómodos pasaban a ser lo más cómodo del mundo, de sentir como se le iba la vida activa bajo mi hombro por las noches, las palabras susurradas entre pequeños espasmos de sonambulismo icónico, los días de lluvia, la fotografía, la espera, los viajes, carne en salsa de tres quesos y a veces cheese cake con arequipe ?

Todo atrás, todo olvidado en medio de la desidia que conllevan los años, la profunda resignación, los problemas con la rutina, la falta de rutina, la ilegibilidad de rostros que no trataban de contarnos nada, el cambio de estaciones… y todo era siempre como salir a la calle y tratar de encontrar algo que no estaba, que no existió nunca, un engaño personal multiplicado por dos cabezas que no querían hacer nada más que creerlo.

La vida de los que profesan estar enamorados de la mente, es corta en momentos felices, efímera en éxtasis y exageradamente larga y llena de situaciones introspectivas en que te das cuenta, que, como ha sido siempre, tu propia mente es una amante amarga.