Anatomía

por ddanielbee

Pareciese que hay momentos en que la mano derecha trata de romper el yugo hegemónico del cerebro, devolver los impulsos nerviosos y no salir al rescate de su superior directo ante una fatalidad inminente, como el acorde que decide creerse La en la peor ocasión posible… y entonces el control se mantiene, los dedos se tensan ante el choque preciso con el asfalto y la mano sufre en lugar de su amo y señor. Ese día la mano derecha, vendada y con extremidades rotas, piensa en como va a cumplir la traición al siguiente tropiezo, como no permitirá otro desliz de su voluntad.

Eventualmente ocurre, los ojos desvarían, el pie se encuentra en un espacio errado, la rodilla comunica la certeza del desastre anatómico y el jefe imparte órdenes. La mano derecha recibe, como siempre, su oficio de auto – sacrificio y, como siempre, lo acepta como absoluto… y se quiebra, comprende en un segundo partido como la traición también es un auto – sacrificio y como la desobediencia es obediente al mismo tiempo. Encuentra su redención, esa última acción suicida – homicida que defiende finalmente su liberación. La mano traiciona, la izquierda se rompe ante el impacto y el cráneo indefenso ve como se acerca al piso lleno de misericordia.

La derecha, flotando finalmente en la sangre de su señor, sonríe con una mueca del índice antes de desplomarse sin vida.