Física Aplicada

por ddanielbee

A uno le dicen desde muy chiquito que las cosas no son como las pintan. Y eso está bien. Pero en realidad deberían decirle que las cosas no son como uno se las pinta, porque en la cabeza de cada quien, hay un cada cual que es pintor expresionista y siempre termina dibujando sopas de zanahoria y jugo de tomate de árbol, como si fuera una lasagna bolognesa (o mixta) con limonada frappe y pan con ajo, pero entonces para que imaginamos si solonosvamosadesilusionar al encontrar que no existe el camino pavimentado de bellos duendes dorados, sino solo una cantidad de piedras y maleza, con el eventual colibrí que se aleja cuando llevas lentamente la mano a ver si es el momento de que un colibrí te elija para posarse en tu mano, porque todos saben que el secreto de la felicidad es que un colibrí se te pose en la mano.

Hay quienes gustan de la crema de espinacas que se ve como crema de espinacas. Yo siempre he sido más como de imaginarme una crema de espinacas con un poco menos de crema y de espinacas y un poquito más de conejos sabios y guantes derechos en manos izquierda, o al revés, que a la larga es lo mismo, es como cuando trato de hacer que lo que pienso sea real o que la realidad está pensada para mi. Y si sigo por ahí es porque creo que lo que en verdad tengo es un afán por encontrarla, enredada en letras con tildes y puntuación perfecta, desarmándose nudos de zapatos porque un lado quedo chueco o porque a la oreja derecha no le puede dar mejor el sol que a la oreja izquierda y si llueve y los cordones se mojan de tristeza, tienen que caer a la vez, tocar el piso primero con esa parte brillante y dura que está como hecha para recibir golpes pero que erróneamente se piensa que es para que no se deshilachen los cordones. Si yo fuera un cordón, no me importaría deshilacharme, porque eso significaría que le brindo felicidad a la persona cuyos zapatos anudo. Cualquiera sería muy triste con un zapato desamarrado. También significa que no fui hecho para recibir golpes. Creo que en el fondo nadie lo está, pero si estamos hechos para golpear.

Y si la busco es porque se que no la encuentro, porque no existe el puente entre sus tildes y mi crema de espinacas y si existiera nos golpearíamos, hechos como estamos para golpear pero no para recibir golpes, daríamos lo mejor de nosotros por lograr que el otro se desplome primero, tenga que recoger sus zapatos deshilachados y desamarrados y caminar lejos, y creeríamos haber ganado, ella o yo, quien quiera que sea, cuando ambos perdimos por ser reales, porque los puentes no se hicieron para ser cruzados sino para encontrarse en la mitad y luego de un rato seguir el camino inicial.

Y si existe y ese sujeto de pintadas aleatorias decidió que era hora de manifestar su inconformidad con la falta de frappe en la realidad, es porque crucé el puente hasta su lado y ella decidió que mejor no tomaba ese puente, que podía caminar un rato y tomar otro puente más adelante, o que este lado de la calle estaba más bonito que el otro al fin y al cabo y que la vida está hecha para buscar y encontrar cosas bonitas, en personas bonitas, que hagan cosas bonitas, porque no tiene sentido pasarse la vida llenándose la cabeza de cosas feas si llegará el momento en que no quepan más y no habrá nada hermoso en lo cual refugiarse durante los días con mucho calor y poca luz.