Oceánica

por ddanielbee

Vuelve a llegar la primavera, y me molesta el sol

Cuidar los libros me parece un acto totalmente irresponsable. Es privar al libro de vivir una vida mientras él les regala las más maravillosas visiones de irrealidad que se pueden encontrar en esta, a veces, aburrida y diáfana existencia. Así como cualquier Alberto anda por ahí con cicatrices que marcan su camino transitado, un libro necesita vivir. Un libro que no haya encontrado un encuentro cercano con un líquido, que no tenga la espina dorsal rota y arrugadas algunas hojas, así como marcas y notas hechas al marco de la página con lápiz, es un libro encarcelado dentro de si mismo.

Liberemos a los libros. Tratémoslos como nos tratamos nosotros mismos cuando buscamos creernos libres (como si fuéramos inmortales).

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Esta semana leí un libro. Un libro que se llama “The Ocean at the End of the Lane” por Neil Gaiman. Hay demasiadas razones detrás de escribir una reseña grande de un libro así, totalmente sesgada como todas las reseñas y suspendida eternamente en esta semana que la leí y lo que sucedió dentro de ella. Pero en vez de eso, voy a dejar la lista de frases que me llevaron a doblar la punta de la página, para poder encontrarlas después.

– “I liked that. Books were safer than other people anyway.”

– “The only thing that had kept me running screaming from the Chamber of Horrors as I was led around it was that none of the waxworks had looked fully convincing. They could not truly look dead, because they did not ever look alive.”

– “That’s the trouble with living things. Don’t last very long. Kittens one day, old cats the next. And then just memories. And the memories fade and blend and smudge together…”

– “Adults follow paths. Children explore. Adults are content to walk the same way, hundreds of times, or thousands; perhaps it never occurs to adults to step off the paths[…]”

– “She really was pretty, for a grown-up, but when you are seven, beauty is an abstraction, not an imperative.”

– “Adults should not weep, I knew. They did not have mothers who would comfort them”

– “I thought, perhaps there is just a secret to breathing water, something simple that everyone could do, if only they knew.”

– “I was a normal child. Which is to say, I was selfish and I was not entirely convinced of the existence of things that were not me, and I was certain, rock-solid, unshakeably certain, that I was the most important thing in creation. There was nothing more important to me than I was.”

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Vivir con los libros. Vivir a los libros. Dejar que ellos vivan con uno y otras tantas cosas que hacen que caminar hasta la estación del tren todos los días tenga unas sombras más bonitas.

P.S: Háganse el favor de leer “The Ocean at the End of the Lane”, preferiblemente en su idioma original. Solo les puede hacer bien.